Un hombre de antes que entiende el ahora

 

El Cabrero.

La primera vez que vi a El Cabrero, no sabía si era un cowboy de los que veía en los western que mi padre devoraba o un bandolero andaluz de fina estampa. Era alto y llevaba un pañuelito con dos nudos que le dejaban al aire  la nuez y parte de la garganta. Y llevaba la camisa desabrochada lo suficiente para que se le viera su pecho de hombre de campo. Y el sombrero, siempre ese sombrero, que le tapa los ojos pero no le hace sombra. Sería imposible hacerle sombra a El Cabrero

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