Todo es retal

Jondo

La Macanita con su madre al fondo. Foto de la muestra ‘Jondo’, de Adrián Morillo.

En Jerez, de camino a la exposición de fotos de Adrián Morillo me perdí tres veces. Buscaba la Universidad de Cádiz y en lugar de andar los más de dos kilómetros que me separaban de ella, acabé recorriendo cinco. Me perdí tres veces y las tres estuve a punto de abandonar mi camino. Me convencí, sin embargo, de que tenía que acabar lo iniciado y me di fuerzas pensando que algo valioso sacaría de allí.

Y lo saqué. Adrián me puso frente a instantes imperfectos e importantes para un artista: esos en los que es más persona que creador, esos en los que duda, en los que nadie lo mira o esos en los que todos los miran y ellos ni siquiera ven. El ojo de Adrián en “Jondo” es una aguja: indica y pincha finamente con su ínfima punta. En sus imágenes vi a gente que yo conozco y me resultó extraña. Adrián los capta en su salsa, en su contexto, pero los enfoca tanto y con tanta intención que, de algún modo, deforma la idea que tenemos de ellos. Y bendito sea su foco por alejarnos del tópico.

Pero saqué algo más. Al salir de la universidad, vi una parada de autobús y me tiré sobre ella. No pensaba volver caminando. Perderse tres veces puede ser poético, extraviarse seis es tragicómico. Me senté en la parada, que estaba vacía, y al instante se acercó una señora y después otra. Le cedí el asiento a la segunda y no me lo aceptó. Quiso que nos apretujáramos y lo compartiéramos. Era tan decidida, que le acepté la propuesta. Y sin darle pie, empezó a hablar.

– Voy al centro a pagar la luz, que el que paga descansa, hija. He ido a la caja a que el carajote del banco me diera el dinero. Qué mala follá tiene el tío. Mira, ¿sabes una cosa? No hago más que juntar dineritos para comprar dos máquinas de coser y hacer vestidos de novia y ganar unas perras. Yo coso de tó, pero las novias dejan más. Y he pensao pedirle a Cofidis 3.000 euros para comprar dos máquinas y meterlas en casa. Ya he pintao el cuartillo donde voy a ponerlas. Y he comprao un maniquí. A ver si no se entera el hijoputa de mi ex…

– ¿Está usted separada?

– Sí, hija, hace 20 años y antes tendría que haberlo hecho. Pero no tuve cojones ni nadie que me ayudara. De novios, un amor. Fue casarse y molerme a palos. Qué hijoputa… Pero me separé, sí, y eso que el abogado me dijo que si lo hacía, me quitaría los hijos. Una mierda me va a quitar, si es lo único bueno que he tenido. Bueno, es verdad que las niñas me hacen coágulos. ¡Y tuve tres! Pero no importa, cinco hijos tuve y son mi tesoro. La pequeña aún se pelea conmigo porque dice que eché al padre de casa y no me lo perdona. Pero qué le vamos a hacer… Yo siempre le digo que más lejos lo tendría que haber mandao…

– ¿Vive en Jerez?

– Sí, y en mi casa. Porque es suya y porque era muy grande. Pero la partí y ahí estamos los dos. Pero no me importa. Ya no me importa. ¿Sabes una cosa? Si te pega tu marido, humíllalo. Tú sabes. Y verás como no se le levanta. El día que me di cuenta de eso, fue mi salvación. Y a partir de ahí, jodimos cuando yo quise, no cuando él lo mandaba. Lo insultaba y no se le levantaba. Si lo hubiera sabido antes… Porque fuerzas para defenderme yo no tenía. Mira, toca, llevo un corsé porque tengo la espalda hecha polvo de las palizas que me dio mi madre cuando era chiquilla. Y aún así, lo dejé marcao tres veces. En la barriga le falta un cacho de carne de un bocao que le di yo. Y pensar que me casé prontito porque mi madre me molía a golpes y va mi marido y me muele también. Qué mala era mi madre. Era cualquier cosa menos madre. Mi padre no, mi padre era un santo y yo, su ojito derecho.

Llegó el autobús y nos subimos juntas. Quiso sentarse conmigo y yo que siguiera hablándome. Quería conocer su versión de su historia aunque estuviera llena de frases que no eran suyas. Pero, ¿quién no ha robado palabras a otros que han descrito lo que nos pasa mejor que uno mismo?

– ¿Y de verdad va a ponerse a coser? ¿Qué edad tiene?

– Tengo 76 pero me cuido mucho. Y sí, voy a trabajar porque no puedo estar quieta. Tengo mi paga de minusválida por lo de la espalda. ¿Sabes que cuando me saco el corsé me desparramo? A mi me da risa pero no tiene gracia. Tengo mucho humor, menos mal que lo tengo. Y no me achico. Y voy a comprar las maquinitas, que ya viene la temporada de bodas. Yo hago unos vestidos muy bonitos, tengo una revista italiana con unos modelos… ¡Ozú, qué preciosos! El vestido de novia de mi pequeña lo cosí yo… Mira, me emociono. Qué bonita iba mi niña. El marido es un asqueroso pero ella lo quiere. Yo no sé si le pega. Espero que no. Pero vamos, yo no iba a hacer como mi madre, que me mandó a casa con la cara reventá la primera vez que mi marido me dio una paliza. Pero mi chica no se deja ayudar.

– ¿Usted le ha preguntado?

– No, pero desde que son novios que le digo que no me gusta ese tío. Es más raro… Se parece a mi ex, que dice que la mujer que habla con un hombre que no es el suyo, es una puta. ¡Una puta! La madre que lo parió… ¿Sabes una cosa? De tó lo que me dijo, lo que no le perdono es me que dijera “puta”. Porque no lo soy. Nunca lo fui. Yo creo que siempre he sido buena. Tú también pareces buena.

– Lo dice extrañada.

– Sí, hija, porque las mujeres no somos buenas.

– No diga eso, mujer.

– Que no, que no lo somos.

– ¿Y los hombres?

– Ah, para mi no cuentan. Es como pedirle a una bestia que tenga conciencia. Yo ahora lo que quiero son mis maquinitas y ponerme a coser. A ver si la próxima vez que coincidamos puedo coserte un vestido de novia o de lo que tú quieras.

– Seguro que sale adelante, tiene usted mucha energía.

– No, hija, no creas. Lo que yo tengo es mucho odio.

Miró al frente y se calló. Me informó de que en la siguiente parada se terminaba el trayecto y me sentí como si en un teatro bajaran el telón en pleno clímax. Recordé de donde venía y lo que había visto. En aquellas imágenes de Adrián, como en la historia de esa mujer, había algo irregular y contrahecho. Ni aquello ni esto eran la realidad, sino retales. Retazos aumentados, suavizados o elididos. No, no era la realidad tal cual sucedió, pero me importó un carajo. Cada mirada es parcial, cada relato es sólo fragmento. Lo importante, casi siempre, es la parte del total que representan.

Anuncios

3 comentarios en “Todo es retal

  1. De la mano de Diego Manrique he llegado hasta aquí y ..joder me ha impactado esta historia, tan real, tan irreal, hecha de retales como tu dices.

    Gracias por contarla.

    Impagable la percepción de los hombres, eso del imposible que una bestia tenga conciencia. Tremendo. Al fin y al cabo en el fondo de cada hombre por muy refinado y abierto que sea hay una bestia escondida. Y sé de lo que hablo.

Se permite cantar, se ruega no escupir

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s