Sadismo rural

Del coro al caño,

del caño al coro,

del coro al caño,

   del caño al coro…

Este trabalenguas tonto y simplón lo aprendí de chiquita. Mi abuela me lo enseñó con el objeto de echarse unas risas de vez en cuando porque si lo dices rápido, llega un momento en que en lugar de “caño” acabas diciendo “coño”. Es matemático.

Ayer me pasé el día canturreándolo. Me brotó tras unas horas conectada a la web del Congreso. Quería conocer al detalle y en directo qué iba a hacer el Gobierno con la “ley mordaza.” Me conecté pero me equivoqué de hora y acabé en una sesión plenaria sobre la Ley de Metrología y sin esperarlo, hallé uno de esos temas que no le interesan a nadie aunque debieran. Porque si creen que los pesos y medidas sólo incumben a expertos y comerciantes, quizás un día suceda que un litro de leche no le cunda como antes y usted ni se haya enterado. Esta ley sirve para calibrar radares, balanzas y taxímetros, entre otros muchos artilugios que afectan a su bolsillo.

Acabé enganchada. Y eso que sus señorías no estuvieron a la altura de la metrología ni en precisión ni en interés, a excepción del socialista José Segura Clavell, que fue el único que habló con la llaneza que emplea el que cree que alguien le escucha. Será porque es profesor. De él salió la única explicación sobre la fluctuación del metro-patrón como medida, lo que da cuenta de que ninguna vara de medir es eterna ni objetiva, ni siquiera las científicas. Aplicar el Sistema Legal de Unidades de Medida, unificar los criterios actuales vigentes desde 1985 e introducir directrices internacionales eran los objetivos de esta norma, aunque ha acabado sirviendo para modificar con disimulo aspectos sensibles de la Ley del Sector Eléctrico y de la de Industria. A saber: se cambió el intervalo de precio del transporte de la energía y se liberó a las empresas de seguridad industrial de la supervisión del Estado.

Si algo se me pegó ayer de su señorías, y no se me entiende palabra, déjenme que les traduzca:

  1. Las unidades de medidas son importantes para que a usted no le engañen.
  2. Si quiere ver los efectos que podría tener cambiar el intervalo de lo que cuesta llevar la luz de la central a su casa, asómese al contador. Y dígame entonces si le importa o no lo que se ocupa de medir un amperio.
  3. Si no ve la forma en que puede afectarle la seguridad industrial, súbase al ascensor. Esas empresas que quedan libres de tutela estatal se encargan, entre otras cosas, de que el elevador sea seguro.

Si ya se ha dado cuenta de que todo esto quiere decir que probablemente volverán a subirle el recibo de la luz y que su seguridad le preocupa al Gobierno poco menos que un comino, es posible que le vengan ganas de despotricar un rato. Pero piénseselo bien, hágame caso, porque la “ley mordaza” que aprobaron ayer impone multas de hasta 30.000 euros por ofender a España. Primero nos machacan y luego nos temen. Generan la rabia y pretenden la paz. Del coro al caño.

Ayer sacaron del Congreso a los de la Solfónica mientras aprobaban la que oficialmente se llama Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana. Pero yo soy flamenca y de los que me acordé fue de los miembros de Flo6x8, que a ritmo de bulerías o de lo que se tercie, acochinan a bancos o a entidades públicas que no distinguen un euro público de uno privado. Hablé con ellos y tienen claro que la cosa puede salirles cara porque lo de cantar letrillas puñeteras por sucursales bancarias es ahora infracción, una forma de cobrarse la valentía sin necesidad de abogado, juicio, ni juez, y la multa puede alcanzar el antipático precio de 30.000 euros.

Me explicaron que estas medidas son más duras pero no son nuevas. Que siempre los han perseguido por hacer lo que hacen. Que siempre hubo sanciones. Pero no como éstas. Ellos, que saben que el compás consiste en conjugar espacio y tiempo, no han tenido que pagar nunca ninguna. “Montamos nuestras acciones para que no duren más de cuatro minutos así que, cuando llega la autoridad, nosotros ya no estamos”, explica el colectivo desde Sevilla e informa de que tienen una caja de resistencia, un bote para pagar lo que haga falta y poder seguir con sus acciones. Pero no llega a 30.000 euros, claro, y aseguran que el cerco al que los someten es cada vez más intenso.

Del coro al caño,

del caño al coro,

del coro al caño,

   del caño al coro…

Ni las repetidas lecturas de leyes y enmiendas, ni los visionados de las acciones de Flo6x8 me han arrancado el trabalenguas de la cabeza. He recordado a mi abuela tendiéndome la trampa, riéndose de mi lengua enredada y dándome un pescozón por decir “coño”. De ese sadismo rural aprendí algunas cosas. La más importante, que de un acorralamiento doméstico es difícil escapar. Pero no imposible. Creo que por eso canturreo desde ayer esta locución tonta y estúpida. Porque subirán el agua, la luz o las dos cosas y si se lo proponen, se arrogarán el poder de menguar el metro, el kilo, el litro y el mol. El arrinconamiento es obvio. Y encima, legislan el pescozón, por si la lengua se afloja y se nos escapa un “coño”.

 

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Se permite cantar, se ruega no escupir

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