La que nació ‘aprendía’

 

mariadelmarmoreno

María del Mar Moreno.

 
“Nadie nace aprendío”, decía y dice mi abuela. “Hay que enseñar al que no sabe”, añade casi siempre. “Enséñate a bailar”, me proponía muchas veces sin ni siquiera intuir el grado de paradoja que producía en mi verde magín. ¿Cómo iba a enseñarme a bailar si no sabía? Yo nací más al norte que la madre del que me fundó y quizás por eso, en ocasiones teníamos algún problema semántico. “Enséñate a bailar”, me repetía y aunque la entendía, no comprendía la elección del verbo.

Fui a unas clases, las aproveché y me unieron aún más al flamenco que tanto adoro. Pero me di cuenta de que en mi clase, había gente que, como yo, aprendía y otra que, de una manera espontánea y furiosa, se enseñaba. Se enseñaba a sí misma, sí, como lo oyen. Hoy en día, cuando veo bailar a gente como María del Mar Moreno, me afianzo en aquella reflexión. Aprender aprenden los que parten de cero, los sin-talento, los empollones. Y se enseñan los que vienen con algo aprendido, saben más que sus viejos y entrevén cómo hay que hacer brotar las cosas. “Nadie nace aprendío”, decía mi abuela. Y yo creo que sí. Hay humanos que vienen con información de fábrica, saben cosas, y solo precisan que alguien les ayude a sacarlo: solo les resta enseñarse.

Muchos sueñan con imitar lo que hace María del Mar, pero pocos pueden hacerlo. A ella le sale el ritmo de manera natural, lo tiene como tatuado en los talones y la imagino de chica aprendiendo (perdón, enseñándose) a bailar, dándole a cualquier paso su color, su tempo, su propia vida. Sus vaivenes no los puede hacer cualquiera. Posee y domina el ritmo, que requiere tiempo y espacio, que tiene mucho de número y es la mitad del cosmos. Porque se aprenden las palmas, los zapateaos, los palos y a seguir su pauta pero no se aprende, no, a colocar la mano en el punto preciso de un espacio infinito para marcar un compás que aún siendo lenguaje, es tan natural.

Yo sé que aunque sus manos fueran analfabetas y su cintura no hubiera pasado por una academia, tendrían la misma agudeza, el mismo sentido. Y ella es tan lista que además, estudia, investiga, se forma y pregunta. Y ayuda a que otros aprendan o se enseñen, según el caso.

Mis abuelas han tenido un peso fundamental en mi vida, ambas cosieron ojales en mi cabeza y en mi corazón, de diversa hondura y muy distinta índole. Sus frases me acompañan, me retumban en la cabeza, me vienen a la boca con demasiada frecuencia y las interpreto constantemente. Debo decir que casi nunca les quito la razón, pero hoy haré un aparte: cuando veo a bailar a la Moreno, corrijo a mi abuela y le dejo claro que quizás yo podría aprender a bailar, pero enseñarme nunca.
 

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