Soleá de la firmeza

 


Paco Moyano cantando la Soleá de la firmeza.
.

Siendo poco más que una niña, se me ocurrió decirle a un flamenco que frecuentaba que me costaba distinguir un mirabrás de otra cantiña cuando empezaba a sonar. El flamenco, que era viejo y algo tosco, no me trató con intención docente, y con algo de desprecio por lo que debió considerar una evidente dureza de oído, me contestó con muy mal genio: “Niña, si en la letra sale la palabra ‘mirabrás’, es que es un mirabrás”. Lo dijo en plan amargo, con cierto asco y mucho desahogo y pensando seguramente que no merecía la pena explicármelo de otro modo más que mostrándome lo evidente. Total, era una cría.

Ayer vi al ministro de Hacienda y a los señores de la oposición en una comparecencia pública que me soliviantó y me devolvió este recuerdo. Al principio no entendí la relación, ni el resorte que saltó en mi al oir el tono amenazante y de aprendiz de gallo que emplearon todos al hablarse, como si nadie los viera. Fue luego, mientras leía y preparaba unos textos que me están dando la vida (ya les contaré, ya), cuando encontré el hilo de la coincidencia. Aquel flamenco, que no era mi maestro, ni le pagaba, ni siquiera le tenía, ni él me tenía, cariño, me habló como lo hace un cobarde.

Se dirigió a mí como el que se dirige a quien no puede hacerle nada, a quien no va a replicarle, ni sacarle de su papel. Aquel flamenco, seguramente se permitió aquel tono porque yo era chica y no se me suponía ninguna fuerza dialéctica ni física. Y eso deben pensar también de todos nosotros sus señorías, si no, es difícil entender que se permitan ese tono, esa chulería, que solo pueden practicar públicamente los que están fuera de la realidad y se sienten muy lejos de la justicia.

Daniel Téllez, que alimenta un estupendo blog, Letras + Flamenco, en el que recoge temas de todos los rincones y todos los tiempos en que se cantó flamenco, me permite recordar y conocer estrofas que siempre acompañan mis cuitas:
 

Ni me achico ni me crezco
canto a lo justo por justo
y a los cobardes desprecio.

 
Esta primera estrofa es el inicio de la Soleá de la firmeza. Y no hay otro tema que hoy me apetezca más que éste. Porque tras la reflexión, no llega la calma, no; arriba el cabreo. A estos señores que ayer discutían sí les pago yo, les paga usted, les pagan todos ésos a los que tratan como a niños. Y no les aguanto el desahogo, la escasez de vergüenza, el tono zumbón sin puñetera gracia. Y mucho menos, muchísimo menos, la cobardía.

La Soleá de la firmeza termina así:
 

Pajarillos a volar
lo que es del pueblo es del pueblo
y el que aguante, lo verá.

 
Ojalá tuviera la certeza de que aguantaremos todos para ver cómo termina esto.

Me costó poco ver venir un mirabrás. Lo de detectar cobardes, por desgracia, me llevó más tiempo.

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4 comentarios en “Soleá de la firmeza

  1. Me gustas cuando te cabreas porque estás como luciente…reluciente, valiente y potente. Si te dicen que lloré, es cierto -aunque cobardemente lo niegue-. Mirabrás, ¡qué bonita palabra! ¡Qué buena canción! ¡Qué buen texto!, maestra.

    Sigue dando (dándonos) vida y combatiendo las felonías, que los hay -incluso hasta estupendos flamencos- que sí te tienen cariño (como poco y por no hacer aquí propuestas matrimoniales desde el arrebato).

Se permite cantar, se ruega no escupir

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