El palo se volvió tacto

La Niña de los Peines.

Los que ya saben de qué va esto del flamenco no me han preguntado jamás por el título de este blog. Otros, bastantes, que me quieren pero no saben prácticamente nada sobre la cuestión, me han interrogado sobre el nombre de este espacio porque les gusta, les parece sonoro y poético. Otros no lo saben y tampoco preguntan, pero ellos sabrán, oiga usted.

En Sigueleyendo mi espacio sobre flamenco se llamaba La calle Tientos. Y como quería que este blog siguiera esa senda, le puse por nombre las primeras palabras de los primeros versos de los tientos que yo escuchaba de niña en la peña flamenca a la que me llevaban mis padres:

De cal y canto y arena,
allí abajito había una fuente
de cal y canto y arena
donde bebe mi serrana
agua de la fuente nueva…

Ay, como me gustaba ese arranque, cómo me saltaba el corazón al saber que estaba a punto de someterlo a un sufrimiento momentáneo y pasajero, a un dolor sin importancia, a un malestar que era solo texto. Porque, ¿qué podía saber yo del dolor de amor a aquella edad?

Hay cosas que no se saben pero se barruntan. Y los tientos son un acompañamiento perfecto para la intuición, es un palo derivado del tanguillo, mucho más alegre, que va a otro ritmo. El tiento viene de un palo festero con elementos de soleá o seguiriya, un palo que divide en dos su ritmo y da el doble de tiempo a quien lo dice y lo escucha para que incluso lo más dulce pueda acabar pareciéndole amargo. Me gustan los tientos por esa capacidad y porque el nombre le viene al pelo: porque esa forma de partir el ritmo y de volverse lento convierte la palabra en roce, en tacto, en mano.

Ese inicio era como un sortilegio, me parecían palabras capaces de abrir puertas. Yo oía “De cal y canto y arena…” y ya estaba convencida de que el suelo había empezado a abrirse justo debajo de mi silla. “Qué exagerada eres”, me dicen algunos cuando leen cosas mías parecidas a ésta. Y cuando me lo dicen, me acuerdo de esos versitos de Antonio Machado:

A las palabras de amor,
les sienta bien su poquito
de exageración.

Yo ya era entonces una romántica y eso que aún no había caído sobre mis ojos ni un solo verso de Carolina Coronado y apenas sabía quién era La Niña de los Peines, la que “con su voz cubierta de musgo”, como dijera García Lorca, llevó los tientos a los tablaos y los hizo grandes.

“Pero en el título te falta ‘y de arena’”, me dijo una vez un atrevido. Claro, ¿y qué os pensabais, que iba a hacer la invocación completa? Quién sabe qué podría acabar pasando.

A veces me leo, solo a veces, y me asusto siempre.

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Un comentario en “El palo se volvió tacto

  1. Que maravilla de post, me identifico con aquello de que los temas que nos traía la infancia, casualmente en mi caso también de Camarón, y cómo te hacía sentir todo eso que describes.

    Qué maravilla que nos traigas estos recuerdos.

    Y qué maravilla que en este lugar se permita cantar ;-D

Se permite cantar, se ruega no escupir

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