Érase un hombre a una voz laaarga pegado

 


Francisco Jose Arcángel Ramos.

Un arcángel es un ser superior, un jefe de los angelitos, dicho así, de manera muy sencilla. Arcángel es también el nombre elegido por un flamenco que hace temblar con su voz, laaarga. Su presencia es menuda pero cuando sube al escenario dobla el tamaño. Parece enorme. Es respetuoso, sigiloso, y la sonrisa le cuesta subir a los labios, aunque se le adivina y se le nota siempre a punto. Lo vi, lo escuché y lo intuí hace unos días en Barcelona, pues eso es lo que suele hacer un espectador hambriento, escudriñar, devorar con las meninges, dejarse guiar por la piel para intentar atrapar también lo que no se ve. Luego, hacen falta días para hacer la digestión, para separar lo sustancioso de lo que es puro aire o para acabar determinando que eso que parecía humo, era una niebla preciosa capaz de acompañarte durante días y noches.

Vi a Arcángel en el Festival Ciutat Flamenco de Barcelona, donde se atrevió con una mezcla, un experimento, una “modernez”, que dirían los cabales. Se sentó junto al flautista búlgaro Theodosii Spassov, con quien se marcó una jam sesión de impacto, pues no daba la sensación de ser algo muy ensayado, pero fue un espectáculo de gran pureza auditiva, de gran calidad sonora, de belleza, al fin y al cabo.  Yo lo de “modernez”, lo digo con retranca, convencida como estoy de que uno puede hacer lo que le plazca siempre que sepa hacerlo y se deje la piel en ello. Tengo la sensación de que Arcángel es un poco de la misma opinión. Él, que canta fandangos alosneros como si fuera el patriarca de una dinastía antigua, sabia y misteriosa; él que honra los cantes que toca; él que tiene una garganta de terciopelo áspero y la sabe poner para cantar una soleá, una bulería o  una sencilla rumba; él, digo, puede hacer lo que le dé la gana porque conoce la raíz, la sangre que le precede, la venera y la respeta y la traslada a lo que hace.

Arcángel, además, tiene templanza. Se le nota que ha aprendido, que se hace mayor, casi grande. Reconozco, incluso después de haber madurado mis sensaciones al verlo, que hay ratos en que me aburre un poquito. Pero se me olvida rápido, pues consigue convencerme de que vale la pena ir a verlo, a escucharlo, a intuirlo. Tiene ese aire misterioso que practican sin ensayo los hombres tímidos e introvertidos y en alguno de esos momentos que se paseaba por el festival, creí ver en él a Camarón de la Isla. Algo que también me sucede cuando le oigo elevar el tono para decir el verso final del fandango que tan bien honra: “Calle Real del Alosno”. Arcángel, sin embargo, como su voz, es mucho más laaargo, mucho más sabio.

Anuncios

Se permite cantar, se ruega no escupir

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s