El pelo es garra


Esta melena pertenece a Estrella Morente.

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La Universidad de Viena lo ha descubierto. Era algo que sospechaba de una forma demasiado intuitiva como para decirla en voz alta, pero el doctor Leopold Eckart me ha ayudado a salir de este pudor tan conveniente. Hasta hace poco se pensaba que las garras de reptiles y aves estaban hechas de otro tipo de proteínas, pero gracias a su estudio sabemos que contienen queratina del mismo tipo del que hay en el cabello humano. Vamos, que el pelo es garra.

Se le atribuye a Eduardo Galeano esa frase que dice que si el pelo fuera importante estaría dentro de la cabeza, pero todos sabemos que Galeano tiene parte de su currante coco libre de polvo y paja. Aún hoy, quedarse calvo resulta vergonzoso, antiestético y el pelo sólo puede llegar a resultar redundante cuando la cara que lo sostiene es guapa a rabiar.

En el flamenco el pelo es un mundo. Ellas saben que una melena viste más que un pelo corto y que las flores, las peinetas y los zarcillos lucen más con una buena mata de cabello que los sostenga. No sólo eso, el pelo tiene vida propia, se mueve, hay que moverlo, domarlo y convertirlo en un complemento más del espectáculo. Sé que algunos están pensando en los moños y los recogidos, en que muchas mujeres lo llevan pillado con pinzas, en trenzas, con la cara despejada y limpia de hebras. Pero también ahí hay truco. Hay melenas que requieren cárcel, que hay que esconder y tapar para que no quiten protagonismo a las manos, al resto del cuerpo o a la expresión de la cara.

Una melena salvaje como la de Estrella Morente encuentra freno en los recogidos, siempre tan elegantes, que ella practica. Pero con la melena al viento, Estrella es Estrella de verdad. Se convierte en una fiera, me recuerda a Lola Flores, se desata y da golpes de cabeza, con la ayuda de su estupendo cuello que le concede todo lo que le pide. El pelo es vida, es alegría. Es un símbolo de poder, de fecundidad, de belleza. Estrella es todo eso y es mucho más. Es poderosa cuando sube a un escenario y cuando anda por la calle; es fecunda su voz, su obra, su cuerpo entero y es bella… Estrella es bella y punto. Y la adorna ese pelo poderoso, esa mata que a mi me recuerda a la de su padre, más que a la de su madre, esa cabellera larga, entre rizada y fosca, de un color gitano que ella suaviza con gracia por obra y arte de peluqueras expertas.

El pelo es complemento y si no, recuerden el flequillo que lucía a veces Antonio Gades. Esa forma de girar la cabeza que tenía el maestro iba acompañada de un flequillito muy moderno que redoblaba el movimiento de aquella testa egregia. Los flamencos, gitanos o no, no han tenido nunca problema en lucir una buena cabellera. Ni Antonio Mairena, ni Manolo Caracol, por citar sólo a dos grandes ya desaparecidos lucieron nunca melena. Eran otros tiempos, tiempos en los hombres se vestían por los pies y no lucían nada que lucieran las mujeres. Los gitanos han tenido otra querencia por los mechones más o menos largos.

Se ha dicho muchas veces que el pelo es alegría, abundancia, fuerza. Pero sin duda alguna, el pelo es garra con la que se caza, con la que se hiere, con la que se araña a otro o a la propia cara. El pelo del flamenco es una pezuña con la que se golpea, una zarpa con la que se atrapa, una garfa con la que se agarran las cosas de las que tanto cuesta desprenderse, un amor quizás; es seducción, apego al suelo y expresión de rabia y de dolor. Y tantas otras cosas más…

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