Primas hermanas

 

Tina Turner

Hoy vuelvo a Rocío Jurado. Me tienen que perdonar los que querrían que hablara sólo de lo jondo, pero no me puedo resistir, pues desde hace días le doy vueltas a una idea. Me la dio Ricky Lavado y enseguida pensé: ¿Por qué no se me ocurrió a mi antes? Pero claro, en eso de ser rockero, este hombre me lleva ventaja. Faltaría más:

– Rocío Jurado es nuestra Tina Turner.

Lo dijo así, como el que no quiere la cosa y sin atisbo de miedo, que para eso el mundo es de los valientes. En ese mismo momento, pasó una ráfaga de aire (no miento, ni fabulo, ni exagero) que movió las cabelleras de los presentes y que yo entendí como una señal. Pero como tengo una mollera hecha a prueba de ocurrencias, quise cerciorarme. ¿Qué tienen en común estas dos fieras?

Se dan. Ni la una ni la otra, se dejaban nada en el tintero. Se daban enteras, se entregaban, sudaban la gota gorda y no se dejaban la piel, se la arrancaban a tiras.

En un escenario, siempre es el último día. Ambas compartían esta máxima. ¿Para qué reservar voz, ganas o recursos para mañana?

La presencia escénica. Lo impagable e incomparable y que es incontestable en el caso de estas dos artistas que al salir al escenario lo llenaban como si cada una fuera cientos. No es la voz, ni el vaivén de unas caderas, ni siquiera el repertorio lo que consigue reducir el escenario y la distancia que separa al artista de su público. Es otra cosa, es un vaya-usted-a-saber-qué,  un ángel, un duende o quizás un diablo.

La sensualidad. ¿Hace falta ser la más guapa del barrio para volver loco al respetable? Recuerden a Rocío y su repertorio de braceos. Hagan memoria y visualicen a Tina y la elocuencia de sus piernas. La respuesta es no. Y no, que no se empeñen las aprendices de diva en aprender este tipo de cosas, que no se aprenden.

La mirada. Si el que se pone ante el público o una cámara no es capaz de contar tanto con sus ojitos como con su música y su cante, mejor que se quede en casa. Una lanzaba rayos a través de unos ojos rajados que irradian vida, en toda la extensión de la palabra. La otra, con aquellos acais devoradores, contaba lo que no decían sus canciones y no dejaba dentro ni las lágrimas.

Se miden. Las tipas aguerridas se comparan, se miden siempre ante rivales capaces. Tina lo hizo con Beyoncé. Rocío con Mónica Naranjo. Y ambas lo hicieron con nota a una edad y en unas circunstancias que ya no eran las mejores. Sin vergüenza y sin reservas.

Y como para que uno sea otro, no nos engañemos, tiene que haber diferencias, diré que la Jurado no se movía como la Turner. Sus piernas no iban a al ritmo de las de la negra, que es pantera y no leona, como nuestra Rocío. Pero felinas al fin y al cabo, es decir, primas hermanas.

 

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Se permite cantar, se ruega no escupir

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