Hombres que no conocí

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Diego del Gastor.

¿No han tenido nunca el deseo de ser viejo? Más viejo, digo, más mayor, de haber nacido antes, de haber vivido en otro tiempo. A veces, yo querría. Porque haber nacido antes me habría permitido conocer, oír, disfrutar a algunos con los que no compartí ni tiempo ni espacio.

Creo que yo ni hablaba cuando oí hablar de Diego del Gastor por primera vez. Los flamencos de mi infancia contaban maravillas de uno de Morón que tocaba muy gitano. Ya estaba muerto cuando lo nombraban. Murió en 1973. Y entonces no existía youtube. Pero un día, para combatir el frío madrileño de un mes de noviembre, entré en el Reina Sofía.  No recuerdo la exposición, no recuerdo qué ofrecía, sólo sé que al llegar a una de las salas vi en una de las pantallas un cuadro flamenco en blanco y negro donde aparecía Fernanda de Utrera rompiéndose el alma. Y allí, al lado, estaba él. Con traje y con el pelo, no sé si rubio o blanco, su cara de artista ido, su serenidad y sus dedos. Tocaba la guitarra de una forma extraña para mi, acostumbrada a los guitarristas “veloces” por edad y por época. Tocaba despacito, aguantando el tipo, aguantándole a la negra Fernanda cada falsete que se le antojaba. La miraba y modificaba el ritmo de sus manos. Y cuando la de Utrera remataba el fandango, él sonreía como un loco, como si fuera a desmayarse de felicidad. Me senté. No pude dejar de mirar ese vídeo, que se componía de diversas actuaciones de Diego del Gastor. Había guasa en sus ojos, pero hablaba poco. Para qué. Tenía un halo especial y era hermoso como lo son los locos. Y no lo conocí.

 

Manolo Caracol

Desde pequeña lo asocio con Lola Flores. Y casi no tengo otra manera de pensarlo. He oído su cante en grabaciones, he sabido de él por mis mayores. Me gusta. Era terrible en la ejecución, terrible de bueno, de oscuro y de grande. Pero para mi él es Lola. Curioso destino el suyo en mi cabeza. Esto le decía en la película Embrujo (1947) mientras ella le bailaba:

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La niña de fuego te llama la gente

y me estás dejando que muera de celos.

 

Lola era joven y él ya no tanto. Y cuenta Antonio Burgos que se hicieron pareja artística para poder dormir juntos en las pensiones sin estar casados. Bueno, él sí lo estaba. Y por eso cantaba cositas que encendían la curiosidad de los que iban a verlos actuar juntos:

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Que no la besara en la boca,

que la besara en las manos

y llorando me decía

mira, que te vas a poner malo.

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¿No la ven a ella en esa tesitura pícara? Me habría gustado conocerlo, intentar verlo con los ojos de Lola, saber, comprender qué se escondía detrás de su discutida fealdad. Y oírlo cantar, por supuesto. Caracol murió en 1973. Tampoco con él compartí el aire.

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Se permite cantar, se ruega no escupir

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